El Punto Más Bajo De Los Cómics de Super Héroes Parte 2 (de 3)

Por X

Este es el segundo de tres posts dedicados a este tema. La primera parte puede ser leida aquí.

A mediados de los años 80s los cómics de superhéroes llegaron a un punto de inflexión, una cumbre creativa a la que se habían estado dirigiendo desde los años 60s, con Marvel a la cabeza. Esta es la historia de cómo se llegó desde dicha cumbre creativa al punto más bajo de su historia tanto creativa como económicamente.


A partir de la publicación de The Dark Knight y Watchmen, en 1986, surgió una ola de imitadores que llevaron los cómics a la llamada “Edad Violenta” de los superhéroes, periodo que yo personalmente empiezo a marcar en 1988 con la aparición en la Marvel del personaje llamado Venom, un maniaco asesino enemigo de Spider-Man.

La DC por supuesto, ya tenía a su propio maniático asesino: el Joker, quien, en otra historia de Alan Moore, “The Killing Joke”, consolidó su reputación al disparar y dejar paralítica a la “Batichica” por aquella misma època. Otro caso notable es el de Green Arrow, también de la DC, que pasó de ser una especie de Robin Hood políticamente liberal, a un vigilante oscuro que ensartaba su flecha en el tipo que había ultrajado a su novia.

La diferencia entre Venom y el Joker o Green Arrow, es que estos últimos aparecían con el sello de “mature readers” mientras que Venom hacía su aparición en el comic bandera de la Marvel, es decir, Spider-Man, tan querido por los lectores de todas las edades.

Quien dibujaba a Spider-Man (y por tanto a Venom)en aquella época era Todd McFarlane, un joven excepcionalmente talentoso, y uno de los últimos dibujantes de aquel tiempo en imbuir de un estilo propio a sus dibujos. Muchas de sus aportaciones personales fueron incorporadas por decisión editorial al resto de la Marvel, como por ejemplo su manera de dibujar las telarañas o los ojos del arácnido personaje. Dicho estilo era un éxito entre la crítica y los aficionados.

Pronto, el joven McFarlane se sintió aburrido y fastidiado de tener que trabajar con los guiones de otros y habló en algun momento de renunciar. Ante esto, el editor de Spider-Man se jugó una apuesta con el afán de retener a su joven estrella: darle su propio libro.

Este libro se llamó simplemente “Spider-man” y debutó en 1990 con la impresionante cifra de 4 millones de ejemplares vendidos, un record de la industria en aquel momento. La primera historia, significativamente, no contenía diálogos, los textos se encontraban al mínimo y poseía dosis masivas de violencia… todo en el estilo de dibujo propio de McFarlane, quien se había consolidado como una super-estrella del medio.

La publicación de Spider-Man #1 desató una ola especulativa que si bien ya venía formándose desde algún tiempo atrás alcanzó aquí su fase más alta y nociva. Los fanáticos y, peor, los no-fanáticos empezaron a comprar varios ejemplares de cada cómic, en especial de “Números 1”con la esperanza de obtener grandes retornos al venderlos tiempo después.

Muy pronto, las propias editoriales contribuirían a generar una destructiva burbuja al lanzar los mismos números con varias portadas distintas y a lanzar y relanzar series ya existentes para generar más “numeros 1”. Como hacer cómics parecía ser un buen negocio, surgió una gran cantidad de editoriales nuevas, y para competir, las editoriales ya establecidas intentaron desplazarlas publicando más títulos. Muchos, muchos más. Esta explosión de títulos y editoriales requirió que se contrataran gran cantidad de artistas y dibujantes, en ocasiones de muy dudoso talento.


La burbuja especulativa terminaría por romperse a fines de 1992 tras la “muerte de Superman”, un evento al que muchos, notablemente Chuck Rozanski, propietario de la tienda de comics más grande de USA, culpan en gran medida de la crisis de la industria de cómics. Para mediados de los 90s, la mayor parte de aquellas nuevas editoriales habían cerrado y muchas tiendas de cómics habían quebrado.

Pero me adelanto.

Menos de año y medio después de la publicación de Spider-man # 1, McFarlane y otros 6 prominentes dibujantes de la Marvel, entre ellos ROB! Liefeld y Jim Lee abandonaron su casa editorial para montarse su propio sello: la Image Comics

El papel de la Image en el mundo de los comics es controvertido. Por un lado, hay quien opina que su papel fue clave en el desarrollo de los derechos de autor en el mundo de los comics, por otro, muchos culpan a la Image del “entontamiento” de los comics.

Pero de esto hablaremos en la próxima entrega.

Bookmark and Share
Print